
Se cumple un año desde que mis mellizos nacieron. Han pasado muchas cosas en este año: realizé una serie de documental de presupuesto modestísimo para ARTV, abrí un blog, me cambié de casa, ganamos ibermedia y el CNTV, estrenamos "La Sagrada Familia, filmé una película, viví dos meses en España, conseguí trabajo estable, grabé canciones con los muebles, mosquito y hechos pebre, como 5 asados, premio en Biarritz, y algo más. Sin embargo nada de eso se compara con el hecho de haberme convertido en padre y haber perdido la perspectiva de todo. Para siempre. O tal vez es al revés. Ahora veo las cosas en su verdadera perspectiva. Como sea, simplemente me acomodé o reacomodé en un punto de vista del espacio distinto, donde el mundo deja de ser recto para convertirse en oblicuo. Por fin entiendo las teorías del espacio tiempo. La relatividad es función de la paternidad, no se vé a simple vista en la ecuación, pero es así. E=mc2/p (p=paternidad). Reacomodarse demora más o menos un año.
El mundo se hizo real un 6 de octubre de 2005, antes es como si todo hubiera sido un sueño, un viaje sin mapa. Ahora todo es distinto, y los fines de cada acción están ocultos en un nuevo sentido. Los niños de alguna forma se convierten en un diario de vida personal, viviente, sus cambios, sus hitos, marcan nuestros hitos. Masoquismo, sadismo, son palabras que he aprendido ha disfrutar estos doce meses. Que cosa más curiosa.